05.112016

Brexit. Si fuerais expulsados, ¿a dónde iríais?, (Tomas Moro por W. Shakespeare (Hand D)).

He escrito anteriormente dos breves artículos sobre el denominado “Brexit”, el primero de ellos el pasado marzo, mostrando mi convencimiento sobre la imposibilidad de la salida del Reino Unido de la Unión Europea y el segundo, después de la votación, expresando mi incredulidad por el resultado y anticipando, o especulando cabría decir, sobre las consecuencias legales de dicha decisión si finalmente se materializa. Asisto ahora con cierto asombro a la cadena de declaraciones políticas, maniobras, gestos y reacciones financieras que aquel referéndum trae y no reconozco en ellas mucha defensa del interés general (británico), sino más bien empecinamiento y defensa de intereses particulares, dicho sea esto con el mayor respeto por la soberanía de la decisión, que realmente aún no se dé donde emanará. Esta manía a la que últimamente asistimos de pasar por referéndum lo que ya los ciudadanos decidieron mediante la elección de sus representantes parlamentarios, no aporta sino un grano más al deterioro de la idea europea y una tonelada de granos sobre el proceso de deterioro de los valores y raíces comunes del Viejo Continente.

Pues bien, en ambos artículos acudí a Shakespeare, con mejor o peor fortuna, para que me apoyase en la explicación de mis argumentos. En el primero de aquellos dos artículos, recurrí al título de su comedia Mucho Ruido y Pocas Nueces (“Much Ado About Nothing” en el original) para expresar lo que yo creía que sería eso del Brexit, mucho ruido sobre la salida y pocas nueces al final por un resultado negativo y me vi obligado a rectificar a la vista del resultado del famoso referéndum diciendo que, sí, que nueces iba a ver, y muchas.

De manera que ahí me quedé, dándole vueltas a Shakespeare, al Brexit y a la Inglaterra que conozco y a su futuro, dilucidando si es verdad, o no, que al final son tan distintos y quieren otras cosas, si es imposible que se integren con el resto de Europa, si es que siempre están mirando a sus primos los norteamericanos y a su Commonwealth y recordando aquel titular de la prensa “Tormenta en el canal, el Continente aislado”, el sistema imperial en vez del sistema métrico decimal, su distintivo orgullo patrio, etc., etc., y se me deslizó en el pensamiento aquella ¿pregunta?, ¿afirmación? de Su Majestad la Reina Isabel II pocas horas antes de la votación, a sus invitados de mesa: “Give me three good reasons why Britain should be part of Europe”, “Denme tres buenas razones por las que Bretaña deba ser parte de Europa”. Un pensamiento lleva a otro, la Corona al Imperio, los reyes británicos a los ingleses y todos ellos a Shakespeare. Porque la razón verdadera por la que empecé esta, pretenciosamente llamada serie de artículos, refiriéndome a Shakespeare es porque, al final, como me dijo una experta en ciernes en ese autor, “todo está ahí, todo lo que veas hoy en las relaciones humanas, en las películas o en la prensa, ya lo escribió Shakespeare”. Y así, encontré estos versos, que comparto ahora, de la primera escena del acto segundo de The Life And Death Of King Richard II

“Este regio trono de reyes, esta isla con un cetro
Esta tierra de majestad, este asiento de Marte
Este otro Edén, semi-paraíso
Esta fortaleza construida por la Naturaleza en persona
Contra la enfermedad y el mal de la guerra,
Esta feliz raza de hombres, este pequeño mundo
Esta piedra preciosa dispuesta en un mar de plata,
que le hace las veces de muralla
o foso de defensa de una casa,
contra la envidia de tierras menos felices
Esta parcela bendita, este mundo, este reino, esta Inglaterra”

Quizás muchos los leyeron antes de votar. Quizás alguien los esté leyendo ahora también en el Reino Unido. Podría pensarse que, en su ensoñación, Boris Johnson o Theresa May, los tienen presentes cuando vuelan a Bruselas para negociar. Ninguna turbulencia en el vuelo les perturba el recuerdo de esos versos de Shakespeare, pero ¿quién les recita esos versos?

No parece plausible que los que compone la actual clase alta y media-alta haya interiorizado esos versos convirtiéndolos en su escudo contra el invasor europeo. La ya existente división entre los grupos sociales que trabajan en la City, en Londres en general (la “Elite” como han sido llamados en el Reino Unido) y en algunas otras grandes ciudades en menor medida, y el resto del país, se ha revelado en toda su crudeza en la fotografía que muestra la distribución de votos en contra y a favor del Brexit. La existencia de dos países diferentes en el Reino Unido, Londres y el resto, es la parte más importante de la división que muestra esa fotografía. Existe una profunda diferencia entre la ciudad financiera y el resto del país en materia de infraestructuras, servicios, costes, nivel de vida y pensamiento. El voto favorable a permanecer en la Unión Europea de los profesionales, los vinculados al mundo financiero y los empresarios ha sido contra salida de la UE, el voto de los trabajadores y de las clases bajas en general ha sido “pro exit”, ¿es posible entonces pensar que son las clases trabajadoras las que recitan esos versos? Yo, y muchos otros, creemos que esa clase trabajadora, votando a favor de salir de la UE, habla del coste de la vivienda, de la educación y de los bajos salarios y de que las cosas no pueden seguir como están y deben cambiar, pero han cometido un error. Cambiar, mediante la salida de la Unión Europea no será volver a la Inglaterra de aquellos versos. Será un duro y penoso camino que pasará por una importante inflación que pagarán los trabajadores, un mayor incremento de la pobreza, por ejemplo, en el norte donde empieza a ser devastadora, con un final, considerando hacia dónde va el mundo globalizado, muy dudoso, sin recuperación alguna de las identidades que aquellos versos pudieran evocar.

La culpa de su situación actual la tendrán sus propios políticos, los que crearon la terrible desigualdad entre Londres y el resto del país, los que hayan usado el europeísmo para fortalecer el sistema financiero abandonando la industria y el campo, pero no los europeos o su idea común. Castigar en definitiva años de neo-liberalismo, o liberalismo mal interpretado por Maynard Keynes, que inicio el partido laborista tras la presidencia de Churchill e impulsado luego desde Downing Street y la City, mediante la salida de la UE, es un grave error.

La idea de que la clase trabajadora británica está en contra de los inmigrantes y que esa es una de las razones para votar a favor de la salida de la UE está fuertemente extendida y es cierta, sin embargo, si esa ha sido verdaderamente la razón, la clase trabajadora ha cometido otro error.

Que un trabajador ve amenazada por inmigrantes su capacidad de acceder a un puesto de trabajo, es cierto en Gran Bretaña, en España y en cualquier país. Puede que en el caso británico no esté en el primer lugar de sus preocupaciones, pero si lo estuviese sería un error pensar que la inmigración comunitaria o la que autorice la UE, sea una fuente de gran amenaza para los puestos de trabajo.

La inmigración neta de la UE es de 180.000 y la de fuera de la UE es de 190.000. La inmigración no es hoy ni sostenible ni está bien gestionada. En 2015 la migración neta a el Reino Unido fue de más de 300.000. Si la migración neta continúa a niveles recientes, las últimas estadísticas de la Office for National Stadistics, ONS, proyectan que la población en el Reino Unido aumentará en 500.000 al año, lo que equivale a una nueva ciudad del tamaño de Liverpool cada año.[1]

La inmigración, a marzo de 2016, de ciudadanos de la UE (268.000) permanece más baja que la de no-UE (282.000)[2].

Estas cifras no son alarmantes, sólo hay que gestionarlas y hacerlas sostenibles.

¿Es el voto a favor de la salida del Brexit racista? Mi opinión es que no, a pesar de los últimos episodios violentos post referéndum que la prensa nos ha mostrado, estoy más de acuerdo con la opinión de la Dra. D’Maris Coffman, Senior Lecturer en Economics of the Built Environment de la UCL Bartlett, cuando dice que el voto es contra el multiculturalismo existente en el Reino Unido, aunque ella hace sinónimos en la historia los dos términos (racismo y anti-multiculturalismo).

El racismo es según la RAE: La exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive. El anti multiculturalismo sería el rechazo a la convivencia de distintas culturas, el rechazo a compartir con extranjeros las expectativas de mejor vivienda, educación y empleos, lo que precisamente preocupa a la clase trabajadora británica. ¿Puede decirse que la UE es culpable del multiculturalismo en el Reino Unido? Ciertamente no. Recordemos que tras la Segunda Guerra Mundial y debido a la escasez de mano de obra, el Gobierno Británico, favoreció agresivamente la inmigración llamando a venir y a establecerse en Gran Bretaña a la “Gente del Imperio”. Enfermeras, médicos, obreros, todos fueron llamados en India, Pakistán, Jamaica, y otros países, mediante anuncios que decían, “ven, es tu derecho”. Poco después la Ley de Nacionalidad de 1948 otorgó a todos los ciudadanos de las colonias y los territorios de la Commonwealth la nacionalidad con los mismos derechos que los nacidos en Gran Bretaña. Y aquí radica el mencionado segundo error, la percepción de que la multiculturalidad (concepto luego progresivamente rechazado) volvía a abrirse por la vía de la UE.

Recientemente un inglés me mostraba su sorpresa por el hecho de que los ataques “racistas” (gamberros diría yo) que él lee en la prensa británica son, mayoritariamente, contra ciudadanos de la Commonwealth, no contra europeos. Este es un dato más que reafirma lo anteriormente dicho.

Vienen ahora al caso otros versos, aquellos que también fueron escritos de puño y letra por William Shakespeare, y puestos en boca de Santo Tomás Moro, rompiendo una lanza a favor de los “hugonotes”, los franceses protestantes que buscaban asilo en el siglo XVI, coetáneos de aquellos que nuestro Adelantado de la Florida degolló en San Agustín “no por enemigos, sino por hugonotes”.

Escribe Shakespeare para que Tomas Moro diga:

“Despreciaréis a los extranjeros, los mataréis, los degollaréis, poseeréis sus casas, pero, si fuerais expulsados, ¿adónde iríais?

¿Qué país, por la naturaleza de vuestro “error”, os daría cobijo?, ¿Iríais a Francia o a Flandes?,

¿O a una provincia alemana, o a España o Portugal?

Más aún, a cualquier sitio que no esté adherido a Inglaterra.  

Allí seréis necesariamente extranjeros”

 

Rafael Truan Blanco es abogado y socio internacional de Thomas de Carranza Abogados, Madrid.

Nota: Al momento de escribir este artículo, surge la noticia de la reciente sentencia del High Court sobre la necesidad de que sea el Parlamento quien apruebe una decisión del ejecutivo sobre una cuestión competencia del legislativo. Analizaremos en otro artículo desde un punto de vista jurídico esta cuestión que será finalmente decidida por el Tribunal Supremo antes de diciembre 2016.

[1] Fuente: Migration Watck UK.

[2] Fuente UK Office for National Stadistics.